Un hombre flaco
Retrato de Julio Ramón Ribeyro
Colección Vidas Ajenas
Daniel Titinger
Universidad Diego Portales
"¿Cuánto se parece un autor a su obra?" Esa es la pregunta que se hace insistentemente Titinger en su breve libro Un hombre flaco, Retrato de Julio Ramón Ribeyro, un escritor (catalogado en vida como el mejor cuentista peruano) cuya grandeza es tanta como su anonimato. Quienes queremos a Ribeyro y consideramos el despropósito de no incluir a La Palabra del Mudo como uno de los textos esenciales de la literatura latinoamericana (en buena parte porque no forma parte del boom) celebramos la aparición de este libro y que luego de buscarlo en librerías y tiendas por fin lo haya encontrado en un sencillo stand en la FIL2015 (y el libro más caro de todos los que compré). Y eso mismo es una paradoja Riberyana: un bello retrato de Julio Ramón escondido entre las librerías más sencillas y anodinas, como sus personajes tristes, olvidados, fuera de la luz pública: los mudos a los que Ribeyro les daría voz.
Daniel Titinger es un escritor que conoce su oficio y sus divertidos libros previos, Dios es peruano y Cholos contra el mundo, no han sido más que una preparación para alzarse con esta crónica de un periodista que trata de conocer a su héroe literario: porque Titinger ama a Ribeyro, tanto como su obra. Ayudado por el diario personal de Ribeyro (La tentación del fracaso, publicado recientemente en un solo volumen) y por múltiples entrevistas, Un hombre flaco describe el viaje de descubrimiento personal de su autor por el Ribeyro escritor, el esposo, el hermano, el padre, el intelectual, el bohemio, el amante, pero sobre todo el amigo (desfilan personajes tan disimiles como Fernando Ampuero, Jorge Bruce, Abelardo Sanchez León, Niño de Guzman, Tomás Unger... hasta una referencia como la del astrólogo Leonardo Dobrota con la carta astral de Ribeyro, acertada como ningún crítico literario ha sido con el).
El texto va saltando en tiempo y espacio, mientras Titinger va construyendo un personaje cercano al fracaso, enfermo, quebrado, atrapado en un matrimonio infeliz, en un trabajo depresivo, perseguido por los errores de los editores en sus libros (en un libro equivocan su foto y publican la de un africano con el mismo nombre), pero también un amigo alegre, dado al buen vino y al placer del cigarrillo, cantante de karaokes y dado a los ritmos de Oscar de León (!). Titinger ha volcado su corazón y ha escrito un retrato necesario y honesto, un texto desapasionado y sobrio sin ser académico, un libro breve pero intenso: un Ribeyro que muchos queríamos conocer.
Y es que Julio Ramón siempre fue un anónimo por vocación propia. Su distanciamiento de Mario Vargas Llosa no solo por razones políticas (Ribeyro estuvo de acuerdo con la nacionalización de la banca peruana, cosa que alzó a MVLL contra el gobierno y condujo a la creación del Fredemo, tal y como esta el El pez en el agua) sino por razones de fama: Ribeyro ya no soporta a un Vargas Llosa que describe como un dueño de la verdad, un hombre cambiado luego de haber ganado tantos premios, un hombre con quien no quiso polemizar porque siempre lo consideró su amigo (y viceversa: cuando Ribeyro estuvo en su "primera muerte" MVLL no pudo soportar verlo tan mal). Los capítulos de Bryce Echenique estén entre los mejores: Titinger hace aparecer a un Bryce tan locuaz y fantástico que el mismo advierte que es difícil saber si esta contando algo cierto o es la forma como Bryce recuerda las cosas, tan divertidamente deformadas. Y por supuesto, para hablar con Bryce tiene que haber vodka...
No quiero ahondar mucho en el libro porque sería arruinarle los detalles a quien se interese por un autor tan grande como Ribeyro. Este libro es un verdadero encanto y Titinger se ha alzado ya no solo como un escritor divertido y un hábil cronista, como ya lo había demostrado en sus dos libros anteriores, sino que deja claro que puede crear un libro de autor para los lectores de a pie, como son los libros de Ribeyro.
Y es que hay que leer La palabra del mudo y descubrir a uno de los mas grandes cuentistas del mundo. Y hay que leer a Titinger para conocer mejor a su autor.