miércoles, 17 de junio de 2015

En Casa. Una Breve Historia de la Vida Privada (Bill Bryson)

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En casa
Una breve historia de la vida privada
Bill Bryson
Traduc: Isabel Murillo
Año: 2010

Bill Bryon es un autor muy conocido en el mundo anglosajón por sus libros de viajes (lamentablemente sólo muy pocos han sido traducidos al español), aunque su salto a la fama mundial se dio con Una breve historia de casi todo, un libro en donde intenta resumir buena parte del conocimiento científico en un lenguaje ligero y entretenido. Y lo logra.

Escritor prolífico, curioso impenitente, cultivador de un inglés impecable (tiene libros publicados sobre usos del inglés, errores y manuales de escritura) y un fino humor, Bryson es un escritor muy querido por sus lectores, y cada libro publicado siempre es recibido con altas expectativas que aun no han sido defraudadas.

Este enorme libro (y no por sus poco más de 650 páginas) es el resultado de una pregunta simple: ¿cómo es que tengo todo lo que tengo y doy por sentado en una casa, empezando por la casa misma? Bryson hace un recorrido en una vieja rectoría sirvéndose de un plano para atravesar todas las habitaciones y cada uno de los pequeños detalles que rodean las cosas que nos rodean de manera brillante, entretenida y sobre todo curiosa. No hay página donde uno no descubra alguna gema de curiosidad o de fino humor.

Bryson recorre El Hall, La Cocina, El Lavadero y La Despensa, El Salón, El Comedor...en 19 capítulos va desempolvando la historia, ciencia y cultura de cada rincón de la casa. Mi edición esta llena de notas (es el libro con más etiquetas que tenga en mi colección):

[...] el sedentarismo significó dietas más pobres, más enfermedades, abundantes dolores de muelas y enfermedades de las encías, y muertes tempranas. Lo que resulta verdaderamente extraordinario es que sigan siendo factores hoy en día en nuestra vida. De los treinta mil tipos de plantas comestibles que existen en la tierra, solo once --maíz, arroz, trigo, patata, mandioca, sorgo, mijo, judías, cebada, centeno y avena-- representan el 93% de todo lo que consumen los humanos, y todas ellas fueron cultivadas ya por nuestros antepasados neolíticos. Y lo mismo sucede con la cría de ganado. No comemos los animales que criamos para nuestro consumo porque sean notablemente deliciosos, nutritivos o porque nos guste su compañía, sino porque son los que se domesticaron en la Edad de Piedra.

Todos los miembros de la casa, incluyendo criados, sirvientes, viudas, y cualquiera que tuviera un vinculo continuado, eran considerados familia: eran literalmente "familiares", utilizando la palabra en su sentido original.

Los criados eran algo más que ayuda y una comodidad, eran un indicador vital de posición social. Los invitados a una cena se sentaban según el número de criados existentes. La gente se aferraba desesperadamente a sus criados. [...] Karl Marx, que vivía en el Soho en un estado de endeudamiento crónico y con frecuencia no tenía ni comida que llevarse a la boca, tenía una ama de llaves y un secretario personal. La casa esta tan abarrotada que el secretario --un hombre llamado Pieper--- tenía que compartir cama con Marx.

[...] Luigi Galvani demostró que la electricidad podía contraer los músculos. Su sobrino, Giovanni Aldini, comprendiendo que podía ganar dinero con esto, ideó un espectáculo en el que utilizaba la electricidad para animar tanto los cuerpos de asesinos recién ejecutados, como las cabezas de los guillotinados, consiguiendo que abrieran los ojos y que sus bocas esbozaran mudas muecas.

[...] El verdadero logro de Colón fue conseguir cruzar el Atlántico en ambas direcciones. Pese a ser un marinero consumado, no era muy bueno en nada más, sobre todo en geografía, que talento que podría parecer más vital para un explorador. Sería complicado nombrar a otra figura en la historia que haya conseguido una fama más duradera con menos aptitudes.

Eiffel pasó más tiempo diseñando la torre que construyéndola. El levantamiento se hizo en menos de dos años y se ajustó al presupuesto.

[...] Edward Townsend Strotesbury, hizo fortuna como ejecutivo en J. P. Morgan, el imperio de la banca. Pese a ser un distinguido banquero, no tenía mucha presencia; era, en palabras de un cronista, "un digno agujero en la atmósfera, la mano invisible que escribía los cheques".

Durante un tiempo se puso de moda construír una ermita e instalar en ella a un ermitaño. En Painshill, Surrey, un hombre firmó un contrato para vivir siete años en pintoresca reclusión y observando silencio monástico a ambio de 100 libras al año, pero fue despedido al cabo de solo tyres semanas cuando se le vio bebiendo en un pub del pueblo.

Las iglesias recaudaban la mayor parte de su dinero gracias a los entierros y se mostraban reacias a abandonar tan lucrativo negocio. En la capilla baptista de Enon de Clement's Lane, en Holborn (la actual sede de la London School of Economics), las autoridades eclesiásticas  llegaron a acumular en sus sótanos la colosal cantidad de doce mil cuerpos en solo diecinueve años. No es de sorprender que un volumen tan enorme de carne putrefacta generara varios olores difíciles de camuflar. Raro era el servicio en el que varios feligreses no acabaran desmayándose. Al final, muchos dejaron de acudir allí, pero la capilla siguió aceptando cadáveres para su enterramiento. El pastor necesitaba ingresos.

Estas son sólo algunas de las cientos de notas que tengo etiquetadas y es que este libro es inclasificable y francamente inacabable. Su relectura siempre nos brindará algo nuevo que pasamos por alto (como una fórmula para calcular el tamaño de los peldaños de una escalera, o las toneladas de comida que se ingería en el siglo XVI, en particular para llenar el estómago del reverendo James Woordforde o el submarino Resurgam que nunca volvió a salir a flote).

Este es un libro para tenerlo en la cabecera toda una estación o para acompañar u largo viaje y disfrutar de su lectura una y otra vez. Si no ha leído ningún libro de Bryson, este es un buen comienzo. Tal vez se convierta en uno más de los que amamos y celebramos cada vez que el buen Bill nos regala un nuevo libro a nuestra colección. Disfrútelo.

viernes, 12 de junio de 2015

Lo que más me gusta es rascarme los sobacos (Charles Bukowski)


Lo que más me gusta es rascarme los sobacos
(F. Pivano entrevista a Charles Bukowski)
Charles Bukowski
Idioma original: Italiano
Traducción: Joaquín Jorda




























Me gusta la buena música, y los Limousines lanzaron a principios del 2013 Love is a dog from hell, una pegadiza canción de estilo New Wave ochentero. Pero lo que más me llamó la atención fue el extraño título. Y resulta que tomaron el nombre de un poemario del maldito C. Bukowski (Hank para sus amigos, Henry para sus documentos y Chinaski para sus lectores), que se adentra en el lado oscuro del amor.

¿Bukowski? Conozco gente que no sólo siente admiración por el viejo, sino una seducción propia de quien sabe que esta ante alguien que es diferente a todo lo que haya visto (y probablemente vaya a ver). No me gusta la literatura maldita así que embarcarme a leer la prosa de Bukowski no estaba en mi lista, pero el interés en conocer algo más de este ebrio consuetudinario sabía que valdría la pena.

Así que cuando llego a mi este libro con una portada tan original (a un Bukowski bebiendo de una botella en las butacas de un hipódromo mientras es acompañado por una joven mujer), con un título tan irreverente y de pocas páginas lo devoré en 2 horas. Y no salí decepcionado.

Fernanda Pivano es una periodista italiana que estuvo muy de cerca a la literatura norteamericana y sintió fascinación por un personaje que es más conocido en Europa que en su propio país. Así que partió a entrevistarlo. De aquí surgió un diálogo sincero, natural e hilarante por momentos, con un Henry que va soltando su humanidad, despojándose de su alter ego Chinaski, para hablar de sus libros firmados como Charles y dejándonos encantados con quien terminaremos llamando Hank.

Y no es que vayamos a descubrir un personaje entrañable sino todo lo contrario: Hank es un verdadero borracho, irreverente, irresponsable, apolítico... francamente despreciable. Pero por sobre todo honesto, una cualidad que es muy difícil de encontrar en estos tiempos (y en todos los tiempos, a decir verdad).

Que más honesto puede haber que tener el siguiente diálogo:

PIVANO: ¿Y qué debo pensar que te hace sentir desgraciado?

BUKOWSKI: Ah... conceder entrevistas.

Pivano nos concede una introducción que ocupa casi la mitad del libro con una radiografía de quien esta a punto de conocer:


... como si Bukowski estuviera obsesionado por el recuerdo de acontecimientos vividos sin alegría y sin participación. Aquí, como en sus restantes obras, la gente y la vida no le gustan. En el capítulo 31 [se refiere a Factótum] dice: "Francamente, estaba horrorizado de la vida. De todo lo que un hombre tenía que hacer, sólo para comer, dormir y poder vestirse. Así que me quedaba en la cama y bebia. Mientras bebía, el mundo seguía allí afuera, pero por el momento no te tenía agarrado por la garganta".

Y es que Bukowski realmente parece obsesionado en encontrar la miseria allí donde parece haber pura belleza:

PIVANO: ¿Nunca te ha sucedido eso de despertarte una mañana y acercarte a la ventana y ver un cielo sin nubes y sentirte feliz?

BUKOWSKI: ¿Y ver volar un pajarito? No.

PIVANO: Es posible que el pajarito sea un exceso. (Risas)

BUKOWSKI: Ya era excesivo sin el pajarito.

Puedo estar totalmente en desacuerdo con casi todas las opiniones de Bukowski, pero no tengo porque estar de acuerdo con alguien para llegar a admirarlo (no ha quererlo, que es algo que mucha gente suele confundir en estos días de sensualidad). Pero hay algo con lo que si se siento identificado...

Hace poco tuve una discusión en una reunión social. Sobre los hijos, la familia, los valores y en algún momento, para crear algo de polémica lance la idea de que la idea de la familia me parecía demasiado sobrevalorada, lo que provocó la aireada reacción de algunos presentes. Me quede pensando en porque dije eso (porque realmente si pienso que la familia tiene un valor de gran importancia) pero leyendo las respuestas de Bukowski creo haber encontrado la razón: estoy harto de que todo el mundo piense lo mismo y lo repitan en cuantos foros existan. Quiero pensar de una forma diferente a como piensa todo el mundo, aunque lo que piense no solo afecte a los demás sino incluso aunque lo que piense sea reprochable para mi mismo. Algunos estamos hartos de que todo el mundo ande por la vista repitiendo lo mismo:

PIVANO: ¿Pero el césped te gusta o no?

BUKOWSKI: Detesto el césped. Todo el mundo lo tiene.

PIVANO: ¿Lo detestas porque lo tiene todo el mundo?

BUKOWSKI: Detesto el césped porque lo tiene todo el mundo, de la misma manera que todos escuchan un determinado tipo de música. [...] Y cuándo se tiende a hacer las cosas que hacen los demás, se convierte uno en los demás.

¡Y esa última frase me parece genial! Y quizá eso es algo que hace que Bukowski despierte admiración, esa honestidad brutal que sólo los ebrios y los locos se permiten. No puedo decir que este libro me ha generado el interés de salir a la librería a buscar La máquina de follar o Mujeres; como ya lo he anotado, no es el estilo de literatura que me atrae. Pero me ha permitido acercarme a todo un personaje contradictorio: un hombre que odia a la humanidad (siendo él mismo un escritor que le gusta escribir en su humana condición), que detesta el amor (pero que religiosamente da de comer a sus gatos) y que detesta ser entrevistado (pero que regala una rosa a Pivano al concluir esta).

Con un personaje como este, no se tiene pierde,,,

miércoles, 10 de junio de 2015

Los días de Birmania (George Orwell)

Los días de Birmania
George Orwell
Editorial DeBolsillo
Colección contemporáneo
Traduc. Manuel Piñón García
2011



Publicada en 1934, es la primera novela de George Orwell,  una de las voces más lúcidas y  preclaras del siglo XX.


Después de leer sus principales obras: 1984, Rebelión en la granja y Homenaje a Cataluña, encontrarse con este libro escrito por un Orwell de 30 años puede llegar a ser una experiencia fascinante.  Orwell describe con maestría escenarios y situaciones que vivió en carne propia en sus años como policía imperial británico en Birmania.


Este es el relato de la agobiante vida en la pequeña villa birmana de Kyauktada, colonia del imperio británico en sus últimos días previos al inicio de la segunda guerra mundial.

Un relato sobre intrigas de pueblo que van suscitándose entre días de insoportable calor, aderezados con vasos de wiskey, historias románticas, desventuras amorosas y partidas de bridge. En medio de esta atmósfera surge potente la voz de Orwell, esa que tan bien conocemos quienes lo hemos leído.



Entre escenas de amores y desventuras, la denuncia incisiva a las injusticias de la colonización. En medio de relatos de situaciones delirantes, la postura rígida del autor contra la explotación y el abuso. Entre descripciones magistrales de escenarios de ensueño, la crítica feroz contra el totalitarismo en cualquiera de sus formas. - Un estilo característico de Orwell para denunciar a través de la literatura -.

La historia gira alrededor del entrañable Flory, representante de una empresa maderera y quien a pesar de su naturaleza inglesa, y quizás debido a su afición por la lectura, el alcohol y la soledad siente una simpatía natural por el pueblo y la cultura local, situación poco frecuente en esa época y que genera extrañeza y hasta rechazo por parte de sus compatriotas quienes consideran a los nativos gente de segunda categoría.

Flory representa la postura del autor frente a la injusticia, la explotación y la corrupción de los colonizadores y se enfrenta a todo para sostenerla, asumiendo las consecuencias que de ello derive. La amistad inquebrantable con el nativo Dr. Veraswami cristaliza esta postura, una amistad sin reservas.

Una amistad que continúa inalterable a pesar de las posiciones
opuestas de ambos personajes, pues a pesar de la opinión del propio Flory, el Dr. Veraswami jamás dejará de creer que la colonización inglesa ha significado una posibilidad de evolución para un pueblo según el retrasado y bárbaro. 


Juntos intentarán hacer frente a los embistes del  corrupto sub magistrado local U Po Kyin, un nativo de buena posición cuyo único norte es alcanzar el máximo poder posible, no importando a costa de quien logre tan deseado objetivo.




Una vez más Orwell demuestra a través de las páginas de sus obras que la nobleza y la vileza no guardan ninguna relación con la nacionalidad, la raza o la postura política de una persona. Sino que están relacionadas más bien con un tema estructural, con los cimientos morales de cada hombre. Es precisamente esto lo que nos hace iguales.


Una vez más esa bendita palabra – igualdad - en la obra de Orwell como rememorando la más representativa frase de su gran obra Rebelión en la Granja:

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.


Los días de Birmania debe estar sin duda en la lista de los libros imprescindibles.


martes, 19 de mayo de 2015

Hombres sin Mujeres (Haruki Murakami)

Hombres sin Mujeres
Haruki Murakami
TusQuets Editores 
Colección andanzas
Traduc. Gabriel Álvarez Martínez
2015


Hace pocos años atrás llegué a conocer a Murakami gracias a la recomendación de uno de sus libros oída en un programa radial. Aquella experiencia no pudo ser más grata. Descubrí a un escritor que decía lo que decía movido, sin duda, por una necesidad vital. Y desde entonces, a través de su obra, fui internándome en ese mundo de desventura, soledad e infinita añoranza de lo perdido que es tan propio de este autor. Un mundo en el que se rinde culto a la pérdida de la cual es imposible recuperarse jamás.

Murakami es un modelo ideal del escritor que intenta exorcizar sus demonios a través de su obra. Recorrer las páginas de sus libros es a la vez confrontarnos con nuestras propias pérdidas, con nuestras eternas añoranzas y con nuestras interminables deudas con el pasado. Es quizás esta la gran virtud de este escritor japonés.

Hombres sin Mujeres, su última entrega, contiene siete relatos breves que vuelven a abordar el tema del inevitable encuentro con los conflictos internos, casi siempre imposibles de superar. Relatos sobre relaciones amorosas condenadas al fracaso o al olvido. Una fragancia tan Murakami en la que el amor y la pérdida vienen en el mismo frasco.

Y en ocasiones perder a una mujer supone perderlas a todas.

Los personajes de cada uno de los relatos están finamente tallados. Siempre seres solitarios, sin rumbo, voluntariamente aislados. El contexto de las historias hábilmente plasmado: más que amor, desventura, ausencia y abandono irremediable.  Un reto excitante hacia el encuentro con nuestras propias soledades.

Con los años, el lastre del pasado lo abruma a uno.
No hay segundas oportunidades.

Leer estas páginas puede resultar placentero y agobiante al mismo tiempo, pues nos irá descubriendo silencios, dolores y vacíos que al confrontarlos hallaremos imposibles de superar. Pues la vida no consiste en sortear obstáculos, sino en adaptarnos y aprender a convivir con ellos. Y el recuerdo de lo perdido es lo único que con certeza nos acompañara siempre.

Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana.


Sin ser una de los mejores obras de Murakami, algunos de los relatos de este libro dejan en claro la calidad del autor:  Sherezade, Kino y Hombres sin mujeres justifican de sobra comprarlo y leerlo.


Estoy seguro que, después de esta obra, Murakami seguirá siendo el favorito de la prensa para ganar el Premio Nobel. Además de sensibilidad y habilidad para la escritura, el autor japonés parece tener un excelente equipo de marketing. Y aunque creo que su obra no está aún a la altura de un premio de tal importancia, pues más que una gran obra Haruki Murakami posee solamente algunos grandes libros; creo también que es un autor indispensable para la gente de nuestro tiempo.


martes, 12 de mayo de 2015

La Pasajera (Alonso Cueto)


 


La Pasajera
Alonso Cueto
Seix Barral (Planeta)
2015

¿Qué es lo que hace tan especial a Alonso Cueto, cuyos libros parecen tener un público cautivo que se vuelca tras sus novelas sencillas, cortas y de fácil lectura? Tal vez sea que Cueto puede contar una historia sencilla, lleno de diálogos naturales y con la intensidad por momentos como para llegar al corazón. Un reciente ejemplo es la breve novela La Pasajera.

A Cueto lo conozco desde que leí Demonio del Mediodia. Aunque me incluyo entre las personas que consideran que Conversación en la Catedral es una de las más grandes novelas de los últimos años que un autor peruano haya publicado (por supuesto, el ahora Nobel Vargas Llosa), Demonio del Mediodía es una novela con la que me sentí más identificado porque transcurre en una Lima y en un tiempo que se me hacen más familiares. De allí, entre Grandes Miradas, La Hora Azul y El Susurro de la Mujer Ballena, ha demostrado las cualidades propias de un gran escritor (en alguna oportunidad lo nombrar el escritor más grande de la universidad donde tenía una cátedra, en buena parte por su metro-noventa de estatura).

La novela gira en torno a dos personajes, Arturo y Delia, quienes se ven envueltos en ambos extremos de una experiencia vil y traumática, contra su voluntad, en un Ayacucho azotado por la violencia senderista y que deja profundas huellas que afectaran las decisiones de su vida presente. No puedo contar más porque el libro es breve (sus 130 páginas se puede terminar en poco más de una hora) pero no por eso por momentos intenso.

Alonso Cueto ya ha tratado el tema de la guerra senderista y las consecuencias emocionales en sus involuntarios testigos. Siempre vistos a la distancia, hasta que los diálogos muestran sus emociones más profundas. Cueto logra meternos en la piel de sus personajes, donde no hay buenos y malos, solo seres humanos que tienen que vivir con las consecuencias de sus decisiones.

Siempre he estado pendientes de las novedades de Cueto y esta breve novela no ha sido una decepción. Lectura ligera, si, pero no por eso de mala calidad.


lunes, 11 de mayo de 2015

La Chica Mecánica (Paolo Bacigalupi)




La Chica Mecánica
Paolo Bacigalupi
Alfaguara (DeBolsillo)
Traduc. Manuel de los Reyes Campos
2011

Desde que La Chica Mecánica (The Windup Girl) ganó todos los premios posibles de ciencia ficción (Hugo, Nebula, Compton Crook) y que la revista Time la nombrara como el mejor libro de ciencia ficción del año, estaba en la lista de pendientes y luego sería una lectura que siempre estaba allí, iniciándola en repetidas oportunidades.

Y es que aunque el libro tiene una hermosa portada y un tratamiento brillante, su lectura resulta difícil. La chica mecánica a la que hace referencia no es más que uno de los varios personajes que pueblan la novela donde ninguno resulta ser un personaje principal. La historia transcurre un una Tailandia futura, distópica e inmersa en un mundo caótico como resultado del control sobre los cultivos. AgriGen es la empresa que representa este control y Anderson Lake su hombre de confianza de la empresa, Su misión es tomar control del objeto más preciado del lugar: el banco genético que permanece resguardado en el reino tailandés. Para pasar inadvertido, Anderson Lake trabaja en una empresa que produce "muelles percutores" para generar "julios de energía" en donde su mano derecha es un anciano llamado Hock Seng, que trabaja en un ordenador "a pedales".


Y es que hay escasez de petróleo y todas las fuentes de energía son mecánicas.  En resumen: el mundo se encuentra al borde del caos energético, las fuentes alimenticias son controladas por monopolios, la tecnología genética se ha salido de control (ya no existen gatos sino unos reemplazos por unos "chesires") y el Tailandia la debilidad política y la corrupción desencadenan una serie de acontecimientos en donde todos terminan en un vórtice de terror.

Y aún hay más personajes. Jaidee y Kanya son empleados del ministerio de ambiente que terminan involucrados en los complejos sucesos políticos y el ministerio de comercio resulta ser una fuerza indetenible y en continuo complot contra el orden. Mai, una niña testigo de los acontecimientos y relacionada a la fábrica que funciona como tapedera en las actividades de Andreson Lake. Y al final, Emiko, un "neoser", una chica mecánica de construcción japonesa, obligada a ser parte de un espectáculo de degradación moral en un prostíbulo local. Sus desventuras se cruzan a lo largo de la historia una y otra vez.

Y aquí es donde la novela resulta complicada de leer. Los personajes aparecen una y otra vez y a veces no es claro quien es quien hasta que la historia va avanzando. La narración está llena de términos que se van explicando mientras va avanzando la lectura (los ngaw, los mahouts, los megodontes, kuhn, tamade, phii...) y aunque la acción puede llegar a ser trepidante, hay momentos en que el tono baja las revoluciones y desengancha al lector. Personalmente intenté iniciar la lectura en dos oportunidades y me encontré con un primer capítulo largo y cansado. Luego mejora el estilo pero toma casi la mitad de libro empezar a comprender la situación.

¿Y porqué el título si es que Emiko es un personaje más de la novela? Aunque todos los personajes conspiren y tengan planes que terminan empequeñecidos por la realidad, Emiko es la que termina más empequeñecida, torturada, odiada y perseguida. En un neoser, y los neoseres son aberraciones de la naturaleza creada por el hombre.

Es interesante que el autor proponga que en un mundo tan caótico y con pandemias a la vuelta de la esquina, las religiones y su significación cobren una importancia capital. Somchai, subalterno de Jaidee, comenta con él sobre los chesires:
- Se aparean. Comen. Viven. respiran -Esboza una ligera sonrisa-. Ronronean si los acaricias.
Jaidee pone cara de asco.
- Es verdad. Los he tocado. Son reales. Como tú y yo.
- Son simples cascarones vacíos, sin alma.
Somchai encoge los hombros de nuevo.
- Quizá incluso las mayores aberraciones de los japoneses estén vivas, a su manera... ¿a dónde han ido las almas? ¿A los japoneses tal vez? A los neoseres?
¿Los gatos reemplazados tenían almas? ¿Emiko es un ser sin alma y por eso se la puede someter a las más viles de las torturas?

Bacigalupi hace una exhibición de imaginación superlativa, aunque no por eso poco probable. Las ficciones futuristas ya no suelen consistir en una sociedad utópica en donde la belleza y los placeres están asegurados (como en un Mundo Feliz de Aldus Huxley) y tampoco un lugar dominado por las computadoras y la tecnología que ha puesto en jaque a la humanidad (como en las realidades cinematográficas de Terminator y Matrix). Por el contrario, es un mundo sin recursos, arrasado por el hombre mismo, inundado por la corrupción y el desorden, lo más parecido al mundo de Philip K. Dick de Blade Runner. De hecho hay cierto paralelismo con la narración de Dick: donde Bacigalupi llama a su novela "La Chica Mecánica", la película de Ridley Scott esta basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.

Sólo que en el reino de Tailandia las ovejas son mecánicas o peor aún un experimento genético y esto hace de este mundo un sitio duro y extraño, pero no por eso improbable. ¿Es posible que el mundo se quede sin energía de fácil extracción? ¿Es posible acabar con la diversidad genética y reemplazarla con productos industriales? Hay muchas preguntas que quedan sin respuesta en La Chica Mecánica y muchas historias que no tienen una conclusión final,

¿Vale la pena superar las más de 400 páginas de este Biopunk? Bacigalupi sorprende con una narración vívida de un mundo no sólo posible sino apocalíptico. Nos hace reflexionar sobre los peligros de la patente de genes, la incursión de la bio-ingeniería y la corrupción que vendría asociada a esta. Es una realidad deprimente y por eso no apta para quienes esperan un final feliz. Si buscas una lectura ligera esto libro no es para ti.

Si quieres sumergirte en un mundo de ficción distópico y oscuro, esta novela, ya de culto, te espera.

jueves, 7 de mayo de 2015

El Marciano (Adrew Weir)


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El Marciano
Andrew Weir
B de Books
Inglés (Traducc. Javier Guerrero)
2012

Andy Weir es una autor literalmente fuera de este mundo. A través de un blog inicio la publicación de una historia acerca de un naufrago marciano, por entregas y tanto fue su éxito en ciberespacio que siguiendo las sugerencias de sus seguidores, publicó su novela resultante a 1.99 en formato Kindle y se convirtió en un Best-Seller (el New York Times la llamó "la mejor novela de ciencia ficción en años" y no creo que entre sus lectores halla muchos fanaticos de Frank Herbert, William Gibson, Phillip K. Dick o incluso Silverberg).

¿Qué tiene El Marciano que levantó tanto revuelo y aún lo sigue haciendo? Básicamente que es una gran aventura de ciencia-ficción, en donde la "ciencia" esta el letras mayúsculas.

Miquel Barceló da en el clavo al declarar que Andrew Weir sea tal vez el salvavidas que la ciencia ficción ha estado esperando, que de un tiempo atrás ha estado en decadencia. Barceló argumenta que en un mundo tan cambiante y lleno de tecnología la ciencia ficción ya no nos muestra mundos futuros y especulativos, sino futuros cercanos y catástrofes tecnológicas cercanas en el tiempo; pero especulación pura (un Imperio Galáctico Asimoviano, un ciberespacio paralelo al mundo real de Gibbson), ya hace tiempo que ha desaparecido de los estantes. Y peor aún, ha sido reemplazada por obras de ficción pura (desde el mundo de Harry Potter, vampiros enamorados y hombres-lobo metrosexuales, por no hablar de dragones, enanos, duendes y hasta un Halcón Milenario que viaja a la velocidad de la luz si que ninguno de sus tripulantes experimente la dilatación del tiempo).

Y aquí es que encaja El Marciano. La historia es sencilla: un astronauta queda atrapado en Marte y debe sobrevivir y volver a la Tierra. Y sus únicos recursos es lo que tiene en el desolado planeta y su poderosa mente (es un ingeniero, después de todo...). Weir nos trae a un personaje que utiliza un lenguaje coloquial (la primer línea de la novela deja claro quien es nuestro héroe y en que estado se encuentra: "Estoy bien jodido". No se si entre a la categoría de las mejores líneas iniciales de una novela pero yo la pondría en mi lista).

El detalle es que Weir se ha esmerado de que el contenido científico de su novela sea lo más preciso posible: la cuenta de los días, las indicaciones de temperaturas, distancias, mediciones... existen varios pasajes en donde se narra la comunicación entre la Tierra y Marte con indicaciones de tiempo (en minutos y segundos) que Weir ha obtenido calculando las órbitas recorridas con un simulador creado por el autor (es ingeniero de software). Para un ingeniero (y quien escribe esta reseña lo es) párrafos como el siguiente son una delicia:

Necesito crear calorias, las suficientes para vivir los 1387 soles que faltan para que llegue la misión Ares 4. Si no me rescata la Ares 4, estoy irremisiblemente muerto. Un sol dura 39 miutos más que un día, así que 1387 soles equivalen a 1425 días. Este es mi objetivo: obtener 1425 días de comida.


La novela esta contada en partes como un diario (en días marcianos o "soles") y como una narración de otros personajes en la Tierra y sus compañeros en una nave tripulada. La narración aunque por momentos es técnica es trepidante y Weir logra colocar al lector en la piel del personaje, abandonado, por momentos a punto de dejarse abandonar por el agotamiento o sencillamente porque el mundo marciano se pone en su contra... pero al final es una historia donde no sólo la poderosa fuerza de la supervivencia sino el humano logra sobreponerse a todos los inconvenientes.

Es interesante la ficción que Weir nos regala: un planeta entero que puede tener muchas diferencias religiosas, culturales y políticas pero que puede unirse con la intención de salvar a uno de sus especie.

Si eres un fan de la ciencia o de la ciencia ficción este libro te dará largas horas de estimulante lectura. Si lo tuyo es la literatura o alguna lectura más elevada dale una oportunidad. Lo peor que puede pasar es que agregue un estilo literario más a tu buen gusto...